De la corrupción
Si se analiza la corrupción desde una concepción
Utilitarista, la clase política que participa del funcionamiento de las
instituciones del estado, donde su responsabilidad frente a la organización de
la sociedad, los deja en la primera línea frente a los sectores más vulnerables
de la sociedad, desviar recursos hacia su propia persona, familia o sectores de
poder al cual pertenecen, se opone frente a la búsqueda y el logro de felicidad
por parte de todos los individuos de la sociedad.
John Stuart Mill aprecia como logro dentro de la concepción
del utilitarismo, la educación del carácter humano para que este no pueda separar
su propia felicidad de la del bien común. La corrupción se dirige en sentido
contrario, donde la felicidad individual se antepone a la del bien general.
Si se establece una mirada desde la concepción del
universalismo, podríamos contraponer los principios materiales
universales frente al flagelo de la corrupción.
1) principio de la libertad negativa: Ningún
miembro de la sociedad interferirá en las acciones de otro usando la violencia
ni pretenderá obtener un asentimiento forzado mediante coacciones para
satisfacer sus propios fines*. La corrupción se inscribe dentro de una
violencia simbólica, una violencia no visible directamente que consiste en
sustraer recursos del estado, acentuando la asimetría en derechos,
desigualdades y oportunidades en el
progreso material y cultural de la ciudadanía
2) principio de igualdad: Todo integrante de la sociedad
tendrá siempre iguales derechos y deberes que cualquier otro integrante de
ella. Con ello se garantiza la imparcialidad que debe regir toda interacción
entre los miembros de la sociedad.* No existen iguales derechos y deberes
cuando un individuo de la sociedad posee privilegios por abusar de los recursos
del estado.
3) El principio de autonomía: Todo miembro de la
sociedad deberá tener iguales
posibilidades para alcanzar una capacidad madura que le permita hacer uso de sus derechos y articular sus demandas.*. Dentro de un sistema corrupto no existen más que la autonomía de un grupo por sobre otros, debido a los privilegios de contar con los recursos del estado.
posibilidades para alcanzar una capacidad madura que le permita hacer uso de sus derechos y articular sus demandas.*. Dentro de un sistema corrupto no existen más que la autonomía de un grupo por sobre otros, debido a los privilegios de contar con los recursos del estado.
Por otro lado, desde la lectura Vulnerabilidades y
responsabilidades: una defensa ética del Estado de Bienestar de Robert E.
Goodin, se puede hacer un análisis desde las vulnerabilidades y las
responsabilidades individualidades y ciudadana que revelan las relaciones
importantes que existen entre la corrupción y los sectores más vulnerables de
la sociedad argentina.
La clase política, se encuentra en términos relativos como
responsables directos en la mejora o en el perjuicio de las condiciones de las clases menos
favorecidas. Las políticas públicas, que podrían mejorar la vida de sectores
postergados, se desvanecen cuando los Recursos
se concentran para beneficio propio o de un sector reducido, la
corrupción atenta directamente, promoviendo la desigualdad, porque en esa
asimetría establecida, los sectores que se benefician con la corrupción
producen como resultado necesario, el abandono sistemático de un sector de la
sociedad que se encuentra en relación de dependencia con el estado.
En menor grado, pero
igualmente importante, el resto de la ciudadanía, tiene el deber de monitorear el accionar de
los representantes políticos, la ciudadanía también es responsables por los
sectores vulnerables, pero no por acción como en el caso de las clases
políticas sino por omisión, por no comprometerse en la ejecución de las
políticas públicas.
Con esta división que realiza Goodin, dentro de las responsabilidades
que le corresponden la clase política y a los ciudadanos, justifica en el final
del texto el Estado de Bienestar, ya que desde su punto de vista, las familias
humildes, están rodeadas de familias en las mismas circunstancias
desfavorables, es así que el Estado debe garantizar su protección. El resto de
la ciudadanía, la que no se encuentra en situaciones de vulnerabilidad, tiene
la responsabilidad de monitorear el accionar de la clase política para
garantizar la promoción del bien público en defensa de la libertad y la
justicia.
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