de la vida
Realidad y apariencia ¿Necesitamos una nueva definición de la realidad?
En la alegoría de la caverna, recontra citada y muy conocida para aquel que disfruta de la Filosofía, concluye el relato con una situación clave.
El hombre libre que logra conocer el exterior de la caverna, tras los fallidos intentos de liberar a sus compañeros, marcha por el mundo, descubriendo otras cadenas, otras sombras, otras cavernas.
Una especie de juego tenebroso de las mamushkas, donde una caverna se guarda dentro de otra y otra, de esta manera hasta el infinito.
Preguntar sobre la realidad, es cuestionarla. No solo eso, es también, desconfiar. Salir de una caverna para entrar en otra, aunque pareciera un ejercicio inútil, es en algún modo, una manera de vivir la realidad.
Cuestionarla, es una manera de no dar por sentado, mi percepción del mundo.
Ir hacia la profundidad de la caverna o hacia el sol. ¿Quién sabe? Quizás todo el tiempo estamos en la caverna, sin embargo con una intención diferente, la de preguntarnos por las sombras o por las cadenas que se pierden en la oscuridad.
¿Somos nosotros mismos la caverna? ¿Somos una fría caverna y un cálido sol? O en realidad, la caverna no existe, nunca existió.
¿Es la caverna nuestra impotencia hacia la muerte?
Cada vez que la realidad es superada, cada vez que salimos de la caverna, acaso ¿no sentimos la muerte de nuestras ideas?
¿o es algo más? O en todo caso, lo que sufrimos, es la experiencia del caos.
Sería así, y explicaría lo que cuesta cambiar de idea, cambiar la forma de mirar, explicaría las amarras tirante, que sostiene nuestras creencias, nuestras convicciones y también nuestras cadenas.
Nadie quiere experimenta el caos, el desorden, la ambigüedad.
Todo es orden, todo es estandarizado, lo diferente repugna, aunque le mostremos una cara amable y nos ocultemos detrás de la palabra tolerancia.
Los fármacos de Nietzsche, el orden necesario para no sucumbir en la locura, termina amparando una locura mayor y asquerosamente exponencial. ¿Es la realidad, un intento de ordenar lo múltiple?
Por eso habría, varias realidades, varias cavernas.
Miedo a la inseguridad del caos, me parece más real para el hombre, que el miedo a la muerte.
Es mucho más fácil anteponer un escenario al caos, un escenario lleno de colores, con una estructura, con un orden, para no ver que simplemente un escenario vacio, un lugar a llenar.
El vacio es inexplicable, ningún ser humano puede entender la idea de vacío, el vacio pareciera tener una única, función de ser llenada, la de ocuparla con contenidos.
Sobre ese vacío, sobre ese escenario, montamos una obra de teatro, una ficción, un orden, una caverna. Y sobre ella, otra, otras más, tantas como sean necesarias. Tantas para poder seguir funcionando y darle un sentido a lo que hacemos.
Lo entiendo, la experiencia es imposible en el caos. Tener un sentido, proyectar el mismo sobre el gran escenario vacío, solo para poder ver actores, escenografía, música, en fin, una trama para mis sentidos. Una trama narcótica.
Recapitulando, la realidad, la caverna, las muchas cavernas, las ficciones, la necesidad de un orden, el vacio, el caos insoportable, la muerte. ¿Y si en realidad no es miedo a la muerte si no al caos, al desorden?
¿Y si esta trama en realidad esconde otra posibilidad?
¿Es el miedo al desaparecer, el guion teatral, para la gran obra del hombre que no puede vivir sin sentido?
El miedo a desaparecer, es un sin sentido, ya que si muero, no existo, si no existo, no soy consciente de mi desaparición. Reza aquella antigua frase de Epicuro “La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.”
Entonces ¿cuál es el miedo del hombre? Detrás de los actores, la escenografía, detrás de la escenografía, el escenario vacío, detrás del escenario vacío, la muerte, detrás de la muerte, la nada, detrás de la nada, el sin fin de posibilidades.
Nada, es todo.
Son las miles de posibilidades de convertirme en lo que quiero, de convertirme en el dueño de mi destino lo que apabulla al hombre, por eso la mala religión, por eso la mala política, por eso los fármacos.
Delegar mi responsabilidad en los otros, así ante el mínimo error, culpar a cualquiera, menos nosotros.
Los fármacos, la política, la religión y todo orden, sirve en la medida, que fijen límites a mi voluntad.
Y cuando ese orden caduca o no pueden imponer sus límites, la sociedad sale a reemplazar ese orden por otro más conveniente.
Todo orden construido socialmente, contribuye a fijar límites.
No es casual, que con cada caverna que atravesamos, con cada realidad que cuestionamos y transformamos, deviene una sensación de temor ante la caída de los viejos límites y una incertidumbre ante los nuevos.
Obvio que esto se da por un tiempo, hasta que nos habituamos a ese nuevo orden y su forma de proceder.
Las cavernas se suceden, se puede salir para introducirse en otras, así sucesivamente hasta que la muerte nos encuentre.
En otra ocasión quedaría ver, que dice de nosotros los límites que aceptamos, si aceptar un orden que estructure nuestras vidas, tiene que ver más con lo que somos capaces de soportar y al mismo tiempo desechar cuando no nos sirva.
Mientras tanto, seguimos guionando la gran obra de ficción, pero que por eso, no deja de ser emocionante
Realidad y apariencia ¿Necesitamos una nueva definición de la realidad?
En la alegoría de la caverna, recontra citada y muy conocida para aquel que disfruta de la Filosofía, concluye el relato con una situación clave.
El hombre libre que logra conocer el exterior de la caverna, tras los fallidos intentos de liberar a sus compañeros, marcha por el mundo, descubriendo otras cadenas, otras sombras, otras cavernas.
Una especie de juego tenebroso de las mamushkas, donde una caverna se guarda dentro de otra y otra, de esta manera hasta el infinito.
Preguntar sobre la realidad, es cuestionarla. No solo eso, es también, desconfiar. Salir de una caverna para entrar en otra, aunque pareciera un ejercicio inútil, es en algún modo, una manera de vivir la realidad.
Cuestionarla, es una manera de no dar por sentado, mi percepción del mundo.
Ir hacia la profundidad de la caverna o hacia el sol. ¿Quién sabe? Quizás todo el tiempo estamos en la caverna, sin embargo con una intención diferente, la de preguntarnos por las sombras o por las cadenas que se pierden en la oscuridad.
¿Somos nosotros mismos la caverna? ¿Somos una fría caverna y un cálido sol? O en realidad, la caverna no existe, nunca existió.
¿Es la caverna nuestra impotencia hacia la muerte?
Cada vez que la realidad es superada, cada vez que salimos de la caverna, acaso ¿no sentimos la muerte de nuestras ideas?
¿o es algo más? O en todo caso, lo que sufrimos, es la experiencia del caos.
Sería así, y explicaría lo que cuesta cambiar de idea, cambiar la forma de mirar, explicaría las amarras tirante, que sostiene nuestras creencias, nuestras convicciones y también nuestras cadenas.
Nadie quiere experimenta el caos, el desorden, la ambigüedad.
Todo es orden, todo es estandarizado, lo diferente repugna, aunque le mostremos una cara amable y nos ocultemos detrás de la palabra tolerancia.
Los fármacos de Nietzsche, el orden necesario para no sucumbir en la locura, termina amparando una locura mayor y asquerosamente exponencial. ¿Es la realidad, un intento de ordenar lo múltiple?
Por eso habría, varias realidades, varias cavernas.
Miedo a la inseguridad del caos, me parece más real para el hombre, que el miedo a la muerte.
Es mucho más fácil anteponer un escenario al caos, un escenario lleno de colores, con una estructura, con un orden, para no ver que simplemente un escenario vacio, un lugar a llenar.
El vacio es inexplicable, ningún ser humano puede entender la idea de vacío, el vacio pareciera tener una única, función de ser llenada, la de ocuparla con contenidos.
Sobre ese vacío, sobre ese escenario, montamos una obra de teatro, una ficción, un orden, una caverna. Y sobre ella, otra, otras más, tantas como sean necesarias. Tantas para poder seguir funcionando y darle un sentido a lo que hacemos.
Lo entiendo, la experiencia es imposible en el caos. Tener un sentido, proyectar el mismo sobre el gran escenario vacío, solo para poder ver actores, escenografía, música, en fin, una trama para mis sentidos. Una trama narcótica.
Recapitulando, la realidad, la caverna, las muchas cavernas, las ficciones, la necesidad de un orden, el vacio, el caos insoportable, la muerte. ¿Y si en realidad no es miedo a la muerte si no al caos, al desorden?
¿Y si esta trama en realidad esconde otra posibilidad?
¿Es el miedo al desaparecer, el guion teatral, para la gran obra del hombre que no puede vivir sin sentido?
El miedo a desaparecer, es un sin sentido, ya que si muero, no existo, si no existo, no soy consciente de mi desaparición. Reza aquella antigua frase de Epicuro “La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.”
Entonces ¿cuál es el miedo del hombre? Detrás de los actores, la escenografía, detrás de la escenografía, el escenario vacío, detrás del escenario vacío, la muerte, detrás de la muerte, la nada, detrás de la nada, el sin fin de posibilidades.
Nada, es todo.
Son las miles de posibilidades de convertirme en lo que quiero, de convertirme en el dueño de mi destino lo que apabulla al hombre, por eso la mala religión, por eso la mala política, por eso los fármacos.
Delegar mi responsabilidad en los otros, así ante el mínimo error, culpar a cualquiera, menos nosotros.
Los fármacos, la política, la religión y todo orden, sirve en la medida, que fijen límites a mi voluntad.
Y cuando ese orden caduca o no pueden imponer sus límites, la sociedad sale a reemplazar ese orden por otro más conveniente.
Todo orden construido socialmente, contribuye a fijar límites.
No es casual, que con cada caverna que atravesamos, con cada realidad que cuestionamos y transformamos, deviene una sensación de temor ante la caída de los viejos límites y una incertidumbre ante los nuevos.
Obvio que esto se da por un tiempo, hasta que nos habituamos a ese nuevo orden y su forma de proceder.
Las cavernas se suceden, se puede salir para introducirse en otras, así sucesivamente hasta que la muerte nos encuentre.
En otra ocasión quedaría ver, que dice de nosotros los límites que aceptamos, si aceptar un orden que estructure nuestras vidas, tiene que ver más con lo que somos capaces de soportar y al mismo tiempo desechar cuando no nos sirva.
Mientras tanto, seguimos guionando la gran obra de ficción, pero que por eso, no deja de ser emocionante
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