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Manifiesto de la Vacuidad
Desde los confines de la historia de la filosofía, la discusión sobre la esencia ha sido fructífera pero sin soluciones aparentes. En la actualidad sigue siendo una discusión que corre por el alcantarillado, sin saber los intelectuales de bolsillo actuales, que si sus calles se encuentran limpias es porque la mierda transita por las profundidades. 

Concepto como política, verdad, historia, lenguaje, “yo” se los pude dinamitar desde sus bases, abriendo un boquete que deje al aire, la esencia más asquerosa, más podrida, más polvorienta, lo vacío, la vacuidad, esa misma que tanto hace ruido en los detentores de la razón, en los drogadictos del sentido, en los proxenetas de la verdad. 

En estos escritos no busco una verdad, no busco creyentes, no busco detractores aunque ellos si invitan solos, busco drogarme con mis palabras, morir de sobredosis y reencarnar en un martillo. 

Esta escritura terapéutica, quizás me enferme aún más o quizás me cure de la mediocridad del plato del día, menú ejecutivo del hombre mediocre contemporáneo.

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